Los contornos de la transfobia

Publicado en Bez Diario, 17 de mayo de 2017

 

 

Durante 2016 el Observatorio Madrileño contra la LGTBfobia tuvo conocimiento de 240 incidentes motivados por LGTBfobia, que tuvieron como objetivo a 316 personas. No existen datos de ámbito estatal que se hayan recogido por metodologías equiparables.

La carencia de una ley nacional de igualdad LGTBI tiene como una de sus consecuencias una falta de armonización en la recogida de estadísticas, conduciéndonos al desconocimiento real de las dimensiones en España de la enfermedad social que es la LGTBIfobia, en general, y la transfobia, muy en particular.

El 17 de mayo es reconocido internacionalmente como una jornada de lucha contra la LGTBIfobia y de reivindicación general de la diversidad sexual y de género, en una fecha que coincide con el aniversario de la eliminación de la homosexualidad del catálogo de enfermedades mentales de la Organización Mundial de la Salud en 1990. Cuando empezó a celebrarse la jornada en 2004, y hasta 2009, tan solo era un día de acción contra la homofobia, extendida posteriormente a combatir también la aversión hacia el colectivo trans. La ampliación del espectro de las demandas fue un reconocimiento de los contornos específicos de la transfobia.

El Observatorio madrileño nos sirve de punto de partida para explorar las particularidades de la transfobia. De un lado, el colectivo trans es el grupo LGTBI con mayor tasa de conversión del incidente en denuncia (30%). El dato sitúa al colectivo trans en vanguardia del ejercicio práctico de la demanda de respeto hacia el derecho a ser. De otro lado, el propio observatorio destaca “el pequeño porcentaje de personas transexuales que han contactado con el servicio (12% de los incidentes), dado que no parece reflejar la realidad de la discriminación tránsfoba”. Todo apunta hacia la existencia de una barrera en España para la visibilidad de la transfobia, confirmada por la detección de un mayor incremento de crímenes transfóbicos motivados por la orientación sexual de la víctima en naciones similares a la nuestra.

La invisibilidad de la transfobia comienza por el propio relato que los medios realizan de la LGTBIfobia. En la misma cobertura que realizó una de las principales agencias de prensa de la presentación del informe elaborado por el observatorio, el titular de la noticia hacía referencia tan solo a incidentes homófobos. De igual modo, en ocasiones se oculta el componente transfóbico al informar en los medios de incidentes concretos, señalándolos como agresiones de otro tipo. Todo ello contribuye a ocultar el perfil diferenciado de los casos de discriminación por identidad de género dentro de las discriminaciones sobre el colectivo LGTBI.

Resulta contradictoria la invisibilidad de la transfobia frente a la mayor visibilidad de las personas trans como potencial objetivo de discriminación frente otros colectivos LGTBI. La transición comenzada después de la adolescencia conlleva cambios físicos visibles e, inicialmente, una contradicción visible entre identidad de género y los documentos administrativos de identificación, como DNI o pasaporte. Consecuentemente, a los integrantes del colectivo trans les resulta más difícil escapar al repudio y discriminación en situaciones vitales clave, como la obtención de un trabajo. En un estudio reciente, el Gobierno del distrito de Columbia (Estados Unidos) señalaba las altas tasas de discriminación que las personas trans experimentan en la búsqueda de empleo.

La transfobia está caracterizada también por una mayor recurrencia que otras actitudes LGTBIfóbicas. El acto de mayor repudio hacia un ser humano, negarle su identidad, es una situación cotidiana que experimentan nuestros hijxs. Hay pocos actos de mayor falta de respeto que dirigirse a alguien con pronombres y nombres contrarios a la identidad de género que se siente. La repetición de la escena en el entorno doméstico por parte de algún familiar cercano es el infierno diario que vive un alto porcentaje de personas trans: más del 40% según datos de la macroencuesta sobre discriminaciones que realiza anualmente el National Center for Transgender Equality (Estados Unidos).

Es tal la discriminación extrema de la negación del derecho a ser, que existe en la transfobia un componente vergonzante, llevando a quienes la practican a camuflarla detrás de causas y principios mayoritariamente aceptados. La libertad de expresión, el feminismo… todo vale como disfraz de la negación del derecho a ser. Es el mismo afán de ocultación que lleva a esconderla tras la incitación de miedos no justificados en datos. No se conoce caso alguno de mujer trans que haya atacado sexualmente a una mujer cisgénero en la soledad de un cuarto de baño y, sin embargo, hay quien insiste en prohibir que ambas compartan ese espacio íntimo.

Suelen acumularse sobre la transfobia también las restantes actitudes LGTBIfóbicas. A la transfobia le acompaña, de un modo u otro, un cuestionamiento de la orientación sexual de las personas trans, sea cual sea la misma. Se objeta en ocasiones la identidad de las personas trans si su orientación sexual es heteronormativa. La escena de la película Tres generaciones en que la abuela (lesbiana) del chico trans le dice que “si te gustan las chicas te basta con ser lesbiana”, es habitual en el mundo real. No menos frecuente la situación opuesta y la incomprensión hacia las personas trans que se declaran como gais o lesbianas, al considerar sus transiciones incompletas. Son actitudes, sin mala fe en algunas ocasiones, que nacen de la educación recibida y la confusión entre orientación sexual e identidad de género, pero que no por ello dejan de ser transfobia.

Intolerancia y desconocimiento son factores comunes en todas las actitudes LGTBIfóbicas. No obstante, existen en cada una de sus variantes aspectos diferenciados. Lo que no se define no existe. El reconocimiento de todas y cada una de las actitudes LGTBIfóbicas comienza por el lenguaje. Sin embargo, en el diccionario de la Real Academia Española (RAE) existe poco rastro de ellas. Tan solo la homofobia figura entre sus palabras reconocidas. No busquen transfobia. En boca de la RAE “la palabra no está en el diccionario”. Quizás es el momento de solicitar a la Academia el reconocimiento en su diccionario de todas las distintas actitudes de aversión hacia la diversidad de orientación sexual e identidad de género. En change.org ya se está llevando a cabo esta petición.

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